Buenas noches de insomnio, compañeros.
Antes de irme a intentar dormir, después de la charla que he tenido con nuestro querido master de D&D, se me ha cruzado por la cabeza una iluminación algo oscura: tenemos pendiente la partida de 24 horas de D&D, además, de que os prometí yo misma, una y mil veces, que os narraría Cthulhu.
Pues bien, vamos a empezar el año con buen pie. Y para ello, vamos a repasar varios puntos que quiero que queden resueltos antes de que termine el año, para tener tiempo y planificarnos bien las cosas, ya que a partir de Enero no podreis contar conmigo para nada (seminarios + exámenes, que termino a finales de febrero).
Punto 1.
La partida "24 horas de D&D", a la que sugiero que denominemos "Operación 24" (puro afan criminologo). Sugiero que se lleve a cabo después de la semana de reyes, cuando Jose esté de vacaciones. Con lo cual, se me viene a la cabeza el dia 9 de enero, domingo, justo antes de empezar nosotros la vuelta a los estudios. Si teneis cualquier objecion y/o idea, dejadla en el comentario, que no sois tan mancos.
Punto 2.
La partida de "La llamada de Cthulhu" que quiero narraros. Me encantaria que fuera campaña, pero no quiero quitarle el sitio a Jose, y menos aún cuando nuestra aventura en D&D esta tan interesante. No obstante, tanto si decidis si quereis campaña o aventura suelta, no os narraré la aventura customizada que estaba preparando, dada nuestra falta de experiancia (y hablo más de mi que de algunos de vosotros) en este juego. Os hablo de "Los devoradores de la niebla". Así que los que querais jugarla, no la leais si la veis por internet, ni mireis nada sobre ella. Si quereis otra, solo teneis que decirmelo, pero en un principio he elegido esta porque es breve, y es posible que podams contar con la presencia de nuestra desaparecida tortuga.
Punto 3.
De nuevo sobre la partida de Cthulhu. ¿Qué fecha os viene bien? Hombre, a partir de este lunes, no estaré tanto en RO, sino que me pondré a estudiar, y no me importa meter entre los libros el manual de Cthulhu. Me encantaría que fuera aprovechando estas fiestas, pero de no ser así, tendría que ser a finales de febrero.
Punto 4.
Y no menos importante: el maldito nombre. Quiero un nombre para denominar al blog y a nuestro grupo de aventureros-chapuceros de D&D. Tomaoslo con seriedad, pero pensad uno, cabroncetes.
Por ahora, eso es todo. Estad pendientes del blog. Que cuando os veo la cara cada x tiempo, no me acuerdo de la mitad de cosas.
¡Felices fiestas!
sábado, 25 de diciembre de 2010
Aclaraciones festivas
Publicado por AdorableMuffin en 18:30 1 comentarios
miércoles, 21 de julio de 2010
Capítulo 1 - Bosque hasta donde alcanza la vista
De la nada, surgió una templanza agradable que le acariciaba todo su musculado cuerpo. Le hacía cosquillas, y le invitaba seguir durmiendo. La templanza insistió, y se convirtió en calor abrasador. Empezó a oler a quemado. Sentía que se quemaba…
Y el guerrero Regdar, al despertar, lo primero que vio fue la rama ardiendo que una semielfa sin gracia le acercaba hasta achicharrarle.
- ¡Fin de la borrachera, Reg!
Regdar recuperó la sensibilidad en el peor momento. Dolorido, se levantó de un salto y buscó algo de agua que le ayudase a resistir a las quemaduras. Alguien a quien no recordaba haber visto antes, esbozado en una toga, le siguió y le guió, en el más absoluto de los silencios, hasta un riachuelo cercano. Por todo el bosque se escucharon las risotadas de la pícara semielfa y el resto del grupo.
Regdar se enjuago las quemaduras. Se fijó mejor en el hombre que le había acompañado: pudo percibir las orejas puntiagudas que sobresalían entre los cabellos negros alborotados que le llegaban a la nuca en una media melena. Sus ojos, algo hundidos, se perdían en la lejanía, sin mostrar interés en lo que ocurría a su alrededor. Bien podía medir casi lo mismo que él, y bajo la toga se adivinaba un cuerpo entrenado en lo básico, pero delgado. Cuando Regdar terminó, le siguió de vuelta al pequeño campamento que habían encontrado en medio del bosque, y en el cual se habían aposentado. El guerrero agradeció a este siniestro personaje su mutismo, ya que tenía un dolor de cabeza tan horrible, que cada ramita que pisaban sus botas, le chirriaba el cerebro.
Mientras tanto, las risas de la semielfa continuaban, pero esta vez, por otra razón: un humano vestido con una pobre armadura a la que le faltaban piezas intentaba extraer del suelo en el que estaba clavada una enorme hacha de doble hoja, negra como el azabache, y reluciente. Cada vez que el humano rozaba el mango, se retorcía como recorrido por una descarga, y salía despedido hacia atrás. La semielfa se divertía ante los frustrados intentos del paladín, y a su lado, otro elfo que Regdar no había visto en su vida: medía más o menos lo mismo que la semielfa. Esmirriado, vestido con ropajes verdes y marrones. Sus ojos verdes y pequeños saltaban de un lugar a otro con nerviosismo.
Poco tiempo tuvo Regdar para pararse a examinar a nadie. Al ver el hacha y como el paladín intentaba cogerla, le bulló la sangre por dentro.
- ¡¿Pero qué coño estás haciendo, Avalon?! ¡Ese hacha es mía! –su voz atronadora inmovilizó al humano y cortó de sopetón las risas de los otros dos.
Dejó atrás al mudo acompañante, acercándose al hacha. Avalon el paladín se apartó de inmediato y se reunió con la pícara. Intercambiaron algunas palabras entre murmullos, sin importarles mucho que Regdar les oyera:
- Diez monedas de oro a que también rechaza a Regdar –ofreció la semielfa con una sonrisa maliciosa.
- ¡Hecho! –aceptó el paladín cruzándose de brazos.
Las miradas de todos los miembros del variopinto grupo se clavaron en Regdar como si fueran una sola, a la espera del milagro. El guerrero se quedó delante del hacha, dándoles la espalda a todos, concentrándose. Respiró hondo una, dos, y hasta tres veces. Después, se pasó la mano por el corto pelo castaño, haciendo que varias gotitas de sudor resbalaron y cayeran al suelo. El calor empezaba a apretar. Se frotó las manos, preparó a todos y cada uno de sus músculos y asió el mango del hacha. Al contacto, un pequeño y desagradable cosquilleo le recorrió de arriba abajo. La sonrisa de la pícara tras él se hizo más acentuada. Regdar contó hasta tres, y levantó el hacha. Había cerrado los ojos, y cuando los abrió para asegurarse de que lo había conseguido, vió a sus pies, justo en el lugar donde había estado clavada el arma, un boquete que humeaba. Se giró enarbolando su nueva arma, imponente, gritando de júbilo. La sonrisa de la semielfa se borró de un plumazo. Avalon, el elfo silencioso y el elfo nervioso aplaudieron.
Cuando los ánimos se calmaron un poco, la pícara semielfa se acercó a hablar con el mudo y el elfo nervioso, mientras Regdar afilaba su recién adquirida arma y Avalon la miraba de cerca, extasiado.
- Nos habéis venido a buscar, nos habéis traído provisiones y algo de armamento, y aún no nos hemos presentado. A mí llamadme Mimmih –era la única chica del grupo, aunque no lo aparentaba: apenas tenía formas. Era bajita y casi anoréxica. En su rostro había una graciosa verruga junto a la nariz, y algunas pecas acompañandola. Tenía el pelo corto, muy corto, y castaño, y unos ojos almendrados de color marrón que brillaban de avaricia la mayor parte del tiempo -. Ellos son Regdar –señaló al guerrero con un gesto de la mano y luego al paladín –y Avalon. ¿Y vuestros nombres son…?
- Yo soy Baird –se presentó el elfo nervioso, con una voz aniñada llena de altibajos y un pequeño brinco.
- Yo Algandor… -la voz del elfo silencioso era mucho más grave y profunda, un bronco susurro.
Algandor, al contrario que Baird, no se había desprendido de su mochila. La pícara miraba a la bolsa directamente.
- El camino hasta este campamento ha tenido que ser largo. Atravesar todo el bosque solo para venir a buscarnos… -la voz chillona de la semielfa se tornó melindrosa -. ¿Os gustaría descansar -Baird asintió con la cabeza, pero Mimmih dejó bien claro a quién se refería -…Algandor?
Algandor se la quedó mirando y transcurrió un rato en silencio. Pasados unos segundos eternos, rechazó la invitación con un categórico: “no”. La pícara disimuló un mohín de frustración. Avalon y Regdar se unieron a ellos por fin.
- ¿Bueno, qué? –intervino Regdar -. ¿Ahora cómo salimos de aquí?
- ¡Yo lo sé! –respondió alegremente Baird -. ¡Pero la ayuda no será gratis!
Regdar, aún con el hacha en las manos, se acercó a Baird tanto que al agachar la cabeza, las narices de ambos quedaron pegadas. El aliento del guerrero abofeteaba al explorador con tanta virulencia que le hacía temblar.
- ¿Qué has dicho…?
- ¡Que os guiaré con mucho gusto!
- ¡Pues ya puedes empezar! –apremió Mimmih.
Regdar se apartó, y Baird pudo volver a respirar. Aún temblaba cuando habló:
- Estamos en la zona septentrional del bosque. Me di cuenta cuando veníamos, desde el este. Al oeste está la carretera principal de Ashai. Al norte, tras 4 o 5 días si vamos andando y a buen ritmo, podríamos salir de aquí, y si vamos por el sur, tardaríamos una semana en llegar al desierto.
Todos le escucharon con atención. Cuando terminó, antes de que nadie añadiera nada, Mimmih tomó la palabra:
- Me niego a ir a Ashai. Ese sitio es un matriarcado apestoso… -señaló llena de desprecio.
Algandor alzó una ceja, pero ocultó el gesto rápidamente volviendo a esbozarse con una expresión neutra. En su fuero interno, deseo que nadie le hiciera caso, y fueran directos a Ashai… Desde que se encontraron con ellos, el rostro de Mimmih le recordaba a alguien, guardado en lo más profundo de su memoria. Al mencionar Ashai, lo había recordado: había visto esa misma cara en un cartel de busca y captura que inundaban la gran ciudad de Ashai la última vez que pasó por allí. Había una sustanciosa recompensa por su cabeza. ¿Lo sabrían los demás miembros del resto del grupo?
Al final, el grupo decidió ir por el este. Mimmih se hizo cargo de gran parte de los suministros. No tardaron en abandonar el pequeño campamento, compuesto de una diminuta tienda de lona en medio de un claro de bosque perdido, cuando el atardecer estaba cerca. Mimmih encabezó la marcha junto a Baird. Les seguía Avalon, y Algandor y Regdar protegiendo la retaguardia.
Avanzaron en silencio, atentos a cualquier movimiento a su alrededor. Todos seguían ciegamente a Baird, confiando ciegamente en su supuesta experiencia en terrenos boscosos. Pasadas unas horas, Baird empieza a oír sinistros sonidos. Susurros que se hilaban de forma inconexa. Por el rabillo del ojo, un par de veces, creyó ves algunos bultos que se encogían sobre los árboles. No fue hasta pasado un rato cuando se lo comunicó a sus nuevos compañeros, pero les tranquilizó con la idea de que no sería más que un insecto algo más grande de lo normal. El sonido se solapó con el rugir de los cinco estómagos. Mimmih sacó de su mochila algo de pan y un odre de agua a repartir entre todos para llenarse de algo el estómago y no caer redondos.
- ¿Por qué tan poco? ¡Con esto no tengo ni para masticar! –se quejó Regdar.
- No podemos desaprovechar la comida, Reg –se excusó Mimmih -. Tenemos que racionar la comida porque no sabemos cuanto tardaremos en atravesar este sitio…
El atardecer se les echó encima mientras comían. Al retomar la marcha, Baird se las apañó para iluminar el camino tristemente con una antorcha. Siguieron caminando. El bosque, cerrado, intrincado y oscuro, no les ponía las cosas fáciles. Sortearon raíces y ramas, e incluso una serie de hilillos pegajosos que saltaron a las caras de Regdar, Algandor y Avalon. Llegados a cierto punto, Baird se detuvo en eco, y la comitiva que le seguía se chocó contra su espalda.
- ¡Esperad! –advirtió con un susurro -. ¡He visto un huevo de araña gigantesco! ¡Justo ahí arriba! –señaló a algún punto perdido entre las oscuras copas de los árboles.
Mimmih, poniéndose la mano a modo de visera, escudriñó en la oscuridad en su busca, mas no encontró nada. Baird no esperó a que sus compañeros lo vieran también: raudo, extrajo de su bolsa un arco y una flecha, apuntando en al dirección hacia la que había señalado.
El grupo entero empuña sus armas y permanece a la espera y ojo avizor. La pícara es la primera que consigue distinguir unas sombras aún más oscuras que los árboles que los rodean, y la sangre se hiela en sus venas. Ocho patas gigantescas y replegadas. Cuerpos enormes encogidos…
- No son huevos de araña… -Mimmih retrocede un poco para que el resto del grupo consiga escuchar el hilo de voz que consigue escapar del temor que atenaza su garganta -. Son arañas gigantes…
- ¡¿Qué?!
- Vamos a retroceder… -aconsejó Mimmih en voz baja – lentamente, sin movimientos bruscos y sin hacer ruido…
- Yo quemaría el bosque –todos se giraron hacia Avalon, a quién se le acababa de ocurrir la idea, pero que retrocedía unos pasos tambaleándose -. ¡Tenemos que pasar por ahí para salir del bosque!
- ¡Yo me voy corriendo! –Regdar se preparó para poner pies en polvorosa.
- ¡Hagamos lo que hagamos, lo primero es apagar esa maldita antorcha! –Algandor señaló con un movimiento de cabeza la luz que desprendía la antorcha que yacía a los pies de Baird -. ¡Llamará la atención de las arañas!
Mimmih evaluó la situación. Se habían separado de Baird unos metros, por lo que no podía oírles y esperaba su señal para lanzar la primera flecha, sin darse cuenta de que se había quedado solo. No le costó nada acercarse de puntillas, con el cuerpo inclinado. Se movió sigilosamente y recogió la antorcha del suelo. Regresó junto a sus compañeros, y al mirar atrás, vio que Baird no se había dado cuenta de nada. Seguía apuntando a la figura inmóvil de la araña. Detrás de ésta, había más. Era un maldito nido. Si se quedaban allí por más tiempo con la antorcha encendido, las tendrían encima.
Mimmih solo tuvo que hacer una señal para que salieran pitando de allí, dejando a Baird atrás.
Se guiaron en la naturaleza como pudieron. Tras un par de vueltas, consiguieron llegar de vuelta al campamento. Estaban agotados tras la huida a la carrera. Tanto, que Mimmih no se quejó cuando todos entraron a la tienda para dormir. Sin embargo, al ser la primera en llegar, se echó en el jurgón, y dejó que Algandor y Regdar se desplomasen en la alfombra. Avalon iba a imitarles, pero la pícara escuchó el repiqueteo de metal.
- Avalon… haz la guardia… -dijo ahogando un bostezo.
- ¿Yo? ¿Por qué?
La chica no respondió. Su respiración se volvió rítmica y profundo. Se había dormido, pero aún así, Avalon, obediente, salió al frío exterior y se sentó en el suelo con los ojos abiertos, aunque muerto de sueño.
* * *
Pasado un rato, entre cabezada y cabezada, Avalon escuchó algo aproximándose. Unos pasos furtivos que acabaron adentrándose en el campamento. Avalon se levantó y estuvo a punto de sacar su espada, abriendo la boca para dar el grito de alarma. Sin embargo, se topó con un sudoroso y jadeante Baird. El paladín guardó su arma.
- ¿Has conseguido escapar de las arañas? ¡Nos llevaste derechos hacia allí!
- ¿Y yo que sabía? Cuando vinimos a buscaros, no veníamos solos: nos acompañaba un grupo de aventureros que algo hicieron para ahuyentarlas…
- ¡Pues haber pensado antes que nosotros no somos ese grupo de aventureros!
Se miraron hasta que los ojos de Baird se desviaron hacia la tienda. Avalon leyó sus intenciones.
- ¡Ni se te ocurra! ¡Encima que casi nos matas…!
Baird salió corriendo en dirección a la tienda haciendo oídos sordos a la regañina de Avalon, que reaccionó un poco tarde. Quiso empujarle para tirarle al suelo y así detenerle, pero Baird se había colado ya dentro para cuando Avalon movió los pies.
Avalon se quedó solo e indeciso. Mimmih le había dado ordenes muy claras: hacer la guardia. No quería decepcionar a nadie, así que, con un suspiro derrotado, se quedó fuera hasta que pasaron sus cuatro horas de guardia.
Se sentía agotado y el sueño empezaba a ganarle la partida. Entonces, se le ocurrió pasarle el turno a alguien. Echó un ojo al interior de la tienda: Regdar se había movido un poco, y había acabado cerca de la entrada. Avalon discutió sus posibilidades consigo mismo durante unos minutos, antes de decidirse a despertarle.
Primero le zarandeó del hombro. Regdar ni se inmutó. Le zarandeó más fuerte, y Regdar le soltó un puñetazo en la cara antes de seguir durmiendo plácidamente. Avalon le dio una patada. Regdar se despertó con el dolor.
- ¡¿Pero se puede saber qué haces?!
- ¡Te toca hacer la guardia!
Antes de que Regdar se quejara, Avalon se escurrió hacia el interior de la tienda y ocupó su sitio. Fingió quedarse dormido en el acto. No obstante, estaba pendiente de cada movimiento del guerrero.
Regdar, viendo que por primera vez en su vida ese maldito de Avalon le había echado narices a algo, le maldijo en voz baja, pero terminó sentándose fuera y oteando en derredor, deseando que algo, lo que fuera, atacase el campamento para probar su hacha nueva…
* * *
A la mañana siguiente, el grupo volvió a retomar el camino de la vez anterior. Un ciervo salió a su encuentro, perdido del resto de la manada. La pícara hizo un gesto para que todos se detuvieran.
- ¡Ya tenemos desayuno! –sacó un arco que tenía guardado en su bolsa y una flecha.
Antes de que la criatura se percatase de su presencia, la flecha le alcanzó en una pata. Sintiéndose amenazado, intentó huir, pero la herida le hacía cojear. Regdar no esperó a que Mimmih tensara el arco con una nueva flecha, y fue tras él.
- ¡Regdar! ¡Quítate de en medio! –le grito, pero ya era tarde. La flecha alcanzó al guerrero, que estaba tan concentrado en perseguir al animal, que solo sintió un ligero pinchazo.
Mimmih masculló un taco y bajo el arco, a la par que Baird disparaba el suyo. La flecha se perdió entre los árboles. Al final, Regdar consiguió alcanzar al ciervo y dio fin a su vida cercenándole el cuello de un solo corte. Se había alejado un poco del grupo, por lo que solo él pudo ver como el filo del hacha quedaba bañado en sangre. Pero la sangre no goteaba. Se había quedado pegada al filo y un extraño cosquilleo recorrió el brazo de su portador.
La alegría le duró poco. Lo que tardó la adrenalina en descender y el penetrante dolor de la flecha en acudir a él. Cargando con el cuerpo del ciervo, Regdar se reunió con el resto. Dejó caer el peso muerto en el suelo y se dirigió a Mimmih con un dedo acusador:
- ¡Me has disparado!
La semielfa le ignoró y corrió junto a Baird a extraer la carne a su presa. Su actitud enfureció aún más al guerrero, que dio un paso amenazador hacia ella. Alguien le detuvo poniéndole una mano en el hombro. Al girarse, Regdar se encontró con Avalon.
- ¡Ya me encargo yo! –dijo con una gran sonrisa.
Y antes de que Regdar tuviera tiempo de quejarse, Avalon sacó la flecha de un tirón seco. Regdar aulló de dolor y se llevó la mano a la zona dolorida, fulminando a Avalon con la mirada. Éste le mostró la flecha ensangrentada con una sonrisa malevola.
- ¡Qué mala suerte! Se te había clavado en el culo.
Regdar quiso matarle allí mismo, pero Mimmih dio la orden de seguir andando. Regdar los siguió a regañadientes, apretándose la herida con el disimulo que podía.
Durante el trayecto, hallaron señales en los árboles que les indicaban el camino. Baird explicó que las había realizado él la noche anterior, para no acabar una vez más, en el nido de las arañas. Mimmih aplaudió la idea tanto como lo hizo cuando el mismo Baird se ofreció a preparar el almuerzo tras hacer un alto en el camino.
* * *
Siguen caminando. Nadie habla. Van en fila, y solo se detienen cuando Baird, que iba a la cabeza, se agachó para ver unas huellas de cerca. No dijo nada al respecto, sino que continuó caminando como si no hubiera visto nada.
El silencio les aprisiona. Se sienten asfixiados: los árboles de aquella parte del bosque se han cerrado sobre sí mismos, y apenas dejan entrar la luz. Un pequeño riachuelo les sale al paso. No es muy ancho, y lo atraviesan de un par de saltos, aprovechando unas piedras que sobresalen por la superficie del agua.
Se adentran más y más en la marabunta de árboles. Los finos oídos elfos de Mimmih alcanzan a escuchar, en la lejanía, un aullido sobrecogedor, aunque humano. Desesperado. Aparte de eso, no hay más ruidos. Ni siquiera los ruidos propios de un bosque. Mimmih percibe unos movimientos cerca, rodeándoles. Eso, y el grito, hacen que se detenga y avise a los demás para que se pongan en guardia. Hay algo, y les está observando.
- ¡Baird! Súbete a algún árbol para intentar ver algo.
El explorador asintió con la cabeza y se dirigió hacia el árbol más cercano. Empieza a trepar con maestría, hasta que algo brillante acierta en su cabeza y le hace perder el equilibrio. Baird cayó al suelo, quedándose inconsciente. Avalon se acercó a él para comprobar su estado. Intenta devolverle en si. Sus esfuerzos no son suficientes.
Regdar y Algandor consiguen verlos. Solo los ven pasar, como una exhalación, de un árbol a otro, escondiéndose tras ellos. Eran criaturas pequeñas, pero ataviadas con armaduras. Vislumbran el rostro, acabado en un hocico perruno, y no dudan de lo que se trata.
- ¡Son un grupo de Gnolls! –avisó Regdar.
- Y dos de ellos nos cierran el paso por donde hemos venido… -dijo Algandor sin entusiasmo.
En efecto: una pareja de gnolls les esperan, con los pies hundidos en el riachuelo, cortándoles el paso. El grupo no sabe qué hacer. Las risas de los gnolls les envuelven, risas histéricas como las de un coro de hienas.
Algandor masculló una letanía entre dientes que nadie más oye. Al finalizar, solo él pudo ver una mano fantasmal que flotó hasta uno de los gnolls y lo atravesó, tirándole al agua. El otro se apartó corriendo tapándose la nariz. El paso quedaba libre.
- ¡Vamos!
Avalon, cargando con Baird, y el resto del grupo, siguieron a Algandor y corriendo como almas que lleva el diablo. Los gnolls les pisaban los talones. Con el trote, Baird consiguió despertarse.
- ¡Baird! ¿Qué otro camino deberíamos coger para salir de este maldito bosque? –le pregunto Mimmih al darse cuenta de que tenía los ojos abiertos.
Baird señaló en una dirección después de cavilar durante un rato. Ya no se oían las pisadas de los monstruos. Mimmih aprovechó para hacer una muesca a un árbol cercano para indicar así el camino que tomarían.
- Esta anocheciendo. Será mejor que volvamos al campamento y lo intentemos de nuevo mañana.
- ¡¿Otra vez?! –se quejó Regdar hastiado.
* * *
Llegaron a la tienda al atardecer. Baird se encargó de preparar la cena una vez se hubo recuperado del golpe. Solo tuvo que descansar un par de horas. Usando unas bayas que encontró cerca del campamento, con las que aliñó la carne de ciervo mientras se preparaba. Cerca de la hoguera, Algandor y Mimmih cuchicheaban entre ellos, sentados en el suelo.
El mago se había fijado en las dos joyas que portaba la chica: un collar y un anillo de color negros.
- Puedo tasarte eso –había iniciado Algandor la conversación, señalando el collar -. Percibo algo de magia en él.
Mimmih le miró llevándose la mano al collar, y se acercó a él para que pudiera verlo mejor.
- Si –corroboró Algandor examinándolo con ojos crítico -. Rezuma magia, pero… no sabría decirte más.
Mimmih suspiró apesadumbrada. Dejó el collar en su lugar. No le había dicho nada nuevo. ¡Y tanto que tenía magia! No podía quitárselo…
- A cambio… -Algandor siguió hablando -, ¿podrías echarle un vistazo a algo a cambio?
Mimmih le miró desconfiada.
- Pervertido…
- No es nada de eso –trasteo en su toga hasta que saco una piedra. Se la mostró -. Me refería a esto.
* * *
Regdar y Avalon se tenían ganas. Muchas ganas. El campamento estaba a salvo, todos estaban esperando la comida, y ninguno de los dos tenía mucho que hacer. Fue Regdar a quién se le ocurrió la idea:
- ¿Te echas un duelo de entrenamiento, Avalon?
- ¡Por supuesto! –el paladín no lo dudó un instante.
Buscaron ramas con las que sustituir sus espadas. Regdar sonreía de oreja a oreja, entusiasmado como un niño con zapatos nuevos. Avalon se concentró como si estuviera ante su peor enemigo. Giraban en círculos, como lobos ante su presa. Regdar hizo el primer movimiento: una estocada que Avalon detuvo con el escudo. Regdar era rápido, y Avalon usaba su escudo para bloquear la mayoría de los golpes. Hasta que Regdar empezó a luchar de verdad cuando uno de los golpes de Avalon acertó. A base de amagos, consiguió esquivar el escudo del paladín, penetrar sus defensas y golpear sin compasión.
El combate acabo cuando Baird avisó de que la cena estaba lista. Los dos guerreros se felicitaron por el combate, resarcidos de sus pequeñas disputas. El grupo cenó alrededor del fuego.
Saciados y cansados por la dura jornada, quedaron en repartirse las guardias, y se dispusieron a irse a dormir. Baird ya estaba martilleando el suelo con las manos para ponerse cómodo, cuando Mimmih se acercó a él con una sonrisa amable, muy diferente a la que solía esbozar siempre y que hacía honor a sus deleznables actividades.
- Oye, Baird. Hemos cenado gracias a ti, y te has orientado relativamente bien en el bosque. ¿Qué tal si como recompensa, te dejo dormir en la tienda?
- ¡¿Contigo?! –A Baird le brillaron los ojos hasta que Mimmih le puso la punta de una daga en la garganta.
- No te pases…
A Baird le importó poco su amenaza. La rodeó y se metió en la tienda. Se tiró en el colchón, y empezó a roncar sin esperar a nadie.
Publicado por AdorableMuffin en 11:05 0 comentarios
domingo, 27 de junio de 2010
Bienvenid@s al nuevo blog ^^
Muy buenas ^^
Publicado por AdorableMuffin en 14:24 1 comentarios